jueves, 2 de marzo de 2017

La posmodernidad y la aventura del arte en el capital.

Las expresiones artísticas evidencian de una u otra manera la cultura, manifestamos certeramente nuestras experiencias intimas que absorbemos de la sociedad que nos determina, incluso en ocasiones, nos somete, por ello, el arte en general, es tan contestatario como sumiso, sin embrago, las nuevas propuestas artísticas, conservan consigo un tono anarquista contra el sistema, paradójicamente al que también intentan ingresar.
Con esto en mente, me aventuraré a desafiar las aguas turbias[1] de la posmodernidad, esa época tan efímera pero tan determinante en nuestra concepción del arte actual y producción económica del mismo, es verdad que desafió muchos esquemas totalitarios en cuanto a las posturas intelectuales, comportamentales y teóricas, para proponerse como movimiento, adentrándonos a su perspicaz y consciente caos, dentro de un mundo capital que evidentemente tiene como Dios y juicio, la producción en masa, tanto económica como social.
Ahora bien, uno de los más grandes expositores sobre estos temas un tanto resbaladizos, es sin duda Jameson, quien deja en evidencia –quizá- desde una postura Marxista, la relación de producción cultural y capitalismo, y sin titubeo alguno, ese trance contestatario contra el modernismo tan culto y si se quiere clásico, mostrando de esta manera una época que se mueve en medio de avances tecnológicos como parte de un proceso de globalización, siendo pues, una forma de cosificación, que entra al mercado como una tendencia más de la moda, convirtiéndose por lo tanto en un evento de consumo rápido y para todas las esferas sociales, sin importar la comprensión de la obra, sino el consumo, de ahí que evidenciemos una contra-respuesta a la modernidad, donde el contenido en sí mismo tenía un contexto significativo y exponencial, mas no, meramente estético y artificial como comienza a presentarse en la posmodernidad.
La verdad, es que este adorno estético, donde ya todo asume una naturaleza artística en sí misma, debate un tema político fuerte e intrincado, en el cual se desenvuelve un proyecto controlado por los que tienen el poder (económico), y que la sociedad asume inocentemente porque son parte del proceso de nuestra evolución:
La fabulosa proliferación actual de los códigos sociales en las jergas profesionales y disciplinarias (y en las señas que afirman la adhesión étnica, de género, racial, religiosa y de grupos) es también un fenómeno político, y esto lo demuestra con creces el problema de la micropolítica. Si las ideas de una clase dirigente fueron una vez la ideología dominante (o hegemónica) de la sociedad burguesa, hoy los países capitalistas avanzados son un campo de heterogeneidad estilística y discursiva carente de norma. Líderes sin rostro siguen aplicando las estrategias económicas que constriñen nuestras existencias, pero ya no necesitan imponer su discurso (o son incapaces de hacerlo); y la cultura postliteraria del mundo tardocapitalista no sólo refleja la ausencia de todo gran proyecto colectivo, sino también el desvanecimiento del viejo lenguaje nacional. (Jameson, 1991: 9).
Aquí evidenciamos, no sólo una política de comportamiento y de control de masas, sino la apropiación de nuevas estructuras estéticas, que irán a componer las manifestaciones artísticas nuevas y dotarán significados universales dentro del medio que las consume, o sea, en la sociedad.
Con todo esto, evidenciamos que existe un cambio, por lo tanto la historia se sumerge causalmente dentro de los forasteros procesos creativos, si bien los románticos desearon plasmar lo absoluto dentro de su obra, e indagaban y deambulaban en los detalles más significativos para acrecentar su valor; los receptores de cierta manera debían tener un conocimiento perceptivo y complementar el contenido tanto espacial como temporalmente; todas estas envolturas quedaron en el limbo dentro del posmodernismo, perdían moderadamente su capacidad subversiva y elocuente para señalar los procesos políticos contingentes, y las propuestas quedaban relegadas especialmente a la economía de masas, siendo difícil evidenciar las tendencias políticas, si es que existen dentro de la propuesta artística, dejando la obra sujeta a una representación de los pasos comunes de la sociedad, o como bien lo expone Jameson:
Pero este hipnótico nuevo modo estético surgió a su vez como síntoma preciso del declive de nuestra historicidad, de nuestra posibilidad vital de experimentar la historia de modo activo. No se puede decir, por tanto, que produzca esta extraña ocultación del presente por su propio poder formal; más bien, habría que decir que sólo demuestra las enormes proporciones de una situación en la que cada vez somos más incapaces de forjar representaciones de nuestra propia experiencia actual. (Jameson, 1991: 12).
Por ende, vemos que el arte al servicio de la historia –mas correspondiente a los modernistas- observaba un mundo plano, sin hostilidad, donde los regímenes políticos y sociales estaban concentrados en la elite, es decir, había un público selecto que entendía y no contrarrestaba las opiniones de lo establecido, aunque entendían que los cambios industriales y tecnológico los estaban absorbiendo, por ello en muchas creaciones románticas evidenciamos una nostalgia, una rebeldía que buscaba una razón para vivir, mientras con los posmodernistas, todos estos esquemas desaparecen, incluso, la vida misma no tiene sentido, y sentirla es una elección tan ilusoria como las propuestas artísticas que se quedaron humanizando y capitalizando, en lo banal, en el sin sentido, pues la meta es sólo encajar en el movimiento, y el estar excluido no fue una opción.
Por otra parte, Linda Hutcheon, opone esta teoría de Jameson, buscándole un sentido a lo contemporáneo, ella dice: “aquilo que quero chamar de pós-modernismo é fundamentalmente contraditório, deliberadamente histórico e inevitavelmente político, Suas contràdições podem muito bem ser as mesmas da sociedade governada pelo capitalismo recente, mas, seja qual fora o motivo, sem dúvida essas contradições se manifestam no importante conceito pósmoderno da "presença do passado". (Hutcheon, 1992: 17). En esta postura se evidencia lo que hemos venido exponiendo desde Jamenson, sin embargo acá hay algo de suma importancia y quizá le da un valor agregado, eso es: el pasado; ese extraño evento que ya existe, que sin embargo nos empeñamos en vivir, o parafraseando el texto de Linda Hutcheon con la posmodernidad no hay un retorno nostálgico, sino una nueva propuesta estética, un nuevo lenguaje, un dialogo irónico con el pasado, por lo tanto, es desconocido y se empeña en demostrar el presente, el momento, más allá de concordar la idea, de que es un acto especialmente capitalista y un tanto esnobista.
Sin embargo, para Hutcheon la historicidad artística del posmodernismo está más allá de la mera meta-ficción y los relatos románticos, incluso se atreve a decir que la gran propuesta de los posmodernos, está en la formación de la cultura de masa como fuerzas totalizantes que existen para desafiar, evidenciando en ello, que los posmodernistas en realidad no es que no reconocieran el pasado, simplemente, intentaron omitirlo siendo conscientes que existió, es decir, desafiaron el pasado pero no lo negaron, simplemente lo dejaron en el recuerdo social muy aparte de sus nuevas propuestas artísticas.
Las diferencias posmodernas son múltiples e imprevistas, pese a ello y al mundo globalizado que se suscribe en los actuales momentos, algunos artistas pueden llevar sus obras a otras esferas sociales, y son aceptadas dentro del plano estético, más allá de su contenido “romántico”, como bien lo expresa Anthony Kwame Appiah.
Por lo tanto, ese sujeto posmoderno que presenta Hutcheon, es un ente en sí mismo original, nacido de un pasado contingente, y proyectado a vivir el ahora con la vacuidad contestataria del sin sentido, como reforma de su propia existencia, adverso a lo que planteó Jameson, donde este sujeto no tenía ni siquiera una postura artística más allá de la simple representación caótica del mundo perdido, es así que el posmodernismo tiene sentido, no sólo desde su angustia por ser y existir, sino desde la misma protesta de seres humanos malgastados y sin visualización a futuro, contrarrestando las oposiciones de su obra, especialmente en la literatura y en la pintura, como bien la sustenta Hutcheon, siendo así no ya un movimiento cerrada y homogéneo, sino abierto y amplísimo, que recibe todas los actos sociales, especialmente el capitalismo y la moda como esencia cultural.
Ahora, interesa plantear, que el posmodernismo por tanto, se contrapone paradójicamente, a las propuestas que ellos mismos plantean, discutiendo todos los sistemas de argumentación:

A arte pós-moderna afirma de maneira idêntica, e depois ataca de maneira deliberada, principios como valor, ordem, sentido, controle e identidade (…), que têm constituído as premissas básicas do liberalismo burguês. Esses princípios humanísticos ainda atuam em nossa cultura, mas muitos acreditam que eles já não são considerados como eternos e imutáveis. As contradições da teoria e da prática pós-modernas se posicionam dentro do sistema, e mesmo assim atuam no sentido de permitir que as premissas desse sistema sejam consideradas como flcções ou como estruturas ideológicas. (Hutcheon, 1992: 28).

Por ello, es pertinente dejar claro, que los posmodernistas entienden todos estos valores implantados socialmente, pero los atacan, y eso permite en gran medida que la posmodernidad no sea un simple acto de momento y sólo para la elite, sino que abarca la sociedad en pleno, así como lo explica Hutcheon  cuando dice que la cultura con “C” mayúscula y la cultura con “c” minúscula son para ellos (los posmodernistas) un circulo expositivo de iguales magnitudes.

Appiah por lo tanto, nos invita a ver este acontecimiento posmoderno como un inicio general del arte, pues argumenta[2] desde las exposiciones a nivel global, tanto para los nuevos artistas que muchas veces crean desde sus experiencias locales, y que intentan globalizar sus propuestas de forma concreta, opciones que como bien lo dice Appiah, antes eran más limitadas o casi nulas. Estas aperturas que permiten ese sincretismo cultural, detallan los nuevos contextos artísticos que se dan desde diversos puntos de vista y son aceptados sin importar la mímesis o la dialéctica regional que contengan. Apiahh se vale de ejemplos africanos, para dejar claro que ahora el arte de áfrica, con sus salidas al exterior, tiene excelentes acogidas y oportunidades para los artistitas que tiempo atrás, el presentar su obra por fuera de sus países era apenas una utopía, haciendo estas obras parte del baluarte comercial que trajo consigo la posmodernidad.

Es interesante la observación de Appiah, porque refleja la influencia que ha tenido África con respecto a la cultura de occidente, a partir de los actos mercantiles del posmodernismo, incluso se interesa por exponer unos ejemplo postcoloniales, donde se evidencia que esos trazos que sufrieron con el colonialismo fueron absorbidos rápidamente por los africanos y adaptadas a sus costumbres, hecho que se puntualiza como substancia mas no en forma con el posmodernismo.

Entendemos entonces, que para Appiah el posmodernismo es esa ventana al otro mundo tanto para mostrar como para ver, y que al contrario del postcolonialismo permite una expresión completa de los artistas, porque las obras no serán simplemente para una comunidad especifica sino que ahora son un evento sin límites de referencia.

Con todo lo anterior, vemos que la postura de Jameson de un posmodernismo meramente capitalista, es en cierta medida grato para las manifestaciones artísticas venideras y las que ya lo viven o están viviendo, pues Appiah y Hutcheon lo exhiben no sólo como un mercado leguleyo, sino que ejerce en sí mismo un poder de globalización, que permite un sincretismo y un multiculturalismo amplio, sin restricción de genero social. Si algo es evidente es que estamos en un momento occidental, donde la estética y la gran mayoría de las ordenes sociales están establecidas, pero no cerradas y bien el posmodernismo nos ha  acercado de una u otra manera, en ocasiones hasta inconscientemente, porque muchos de nuestros actos sociales locales, ya están viviendo ese momento, el aquí y ahora que Jameson detalla.

Finalmente, deseo decir, que con la posmodernidad, hay un encuentro con la totalidad, y debemos comprender, que los fuertes imperativos de la historia ya no serán más esas ideas regionalistas, de patria, pueblo y Dios, sino que a partir de ese momento se presentan como globales, es la nueva forma de escribir la historia, de ordenarla sí es que tiene un orden, pero más allá de esto y de las propuestas un tanto recalcitrantes de los estudiosos de esta época, la posmodernidad se suscribe como un acto nuevo, que permite todo, hasta lo prohibido, sin dejar de ser erudito, en realidad no es un movimiento banal, sino un ignorado proceso estético, que paradójicamente se mueve entre lo intelectual, y lo más banal y satírico de la sociedad, siendo así ambivalente y con un contenido franco por no estar limitado a ninguna esfera social, incluso la postura meramente capitalista y esnobista lo enriquecen como proyecto humano, dentro de un mundo que cada vez más se empeña, en un contexto global de convivencia.







Bibliografía.


  • Jameson, Fredric. La lógica cultural del capitalismo tardío. Atocha: Madrid (España) 1992.
  • Appiah, Kwame Anthony. Na casa de meu pai. O pós-colonial e o pós-moderno. Editorial Contraponto (Brasil) 2007.
  • Hutcheon, Linda. Poética do pós-modernismo. Editorial Imago: Río de Janeiro (Brasil) 1991.


[1] La posmodernidad, no tiene en si una fecha exclusiva y exacta que la determine, sin embargo en un laxo de tiempo presuroso rompió los esquemas de la modernidad y se sostienen muchas de sus posturas hasta ahora.
[2] En el libro: Na casa de meu pai, en el capítulo: o pós-colonial e o pós-moderno.

miércoles, 1 de febrero de 2017

RUIVA: UN CUENTO SUBVERSIVO

Desde siempre, se ha intentado presentar un patrón social, que establezca nuestras actos comportamentales, hecho que evidentemente subleva, rechaza o excluye, los individuos que subvierten este esquema planteado y que obedece más a los modelos establecidos socialmente que a las conductas humanas y corporales. Los actos sexuales (especialmente), están reglados y limitados a las posturas familiares, sociales, políticas, incluso económicas y tristemente están regidas por la ley hegemónica heteronormativa.
El escritor brasileño, Julio Cesar Monteiro Martins, plantea una interesante reflexión en el cuento “Ruiva”, acerca de los actos subversivos en un contexto bastante coloquial, pero que a veces parece que no estuviera considerado dentro de nuestro vivir, sin embargo, es muy interesante ver que a pesar de ello, también estos actos subversivos terminan estando controlados, como bien lo plantea Judith Butler en el tercer capítulo del libro “el género en disputa”.  
El cuento Ruiva, inicia narrando la historia de Juarez Moreira, un relojero mineiro[1] que desea viajar a San Paulo para cambiar de vida, y ser allí un travesti con más derechos y libertades que las que podía tener en su pequeña ciudad, Montes Claros. Pero la situación no fue así de simple, porque en el transcurso de la historia, vamos identificando que dentro de aquel mundo travesti también hay unos parámetros de comportamiento con los que él no contaba. Juarez se comenzó a llamar Gina, mudo sus ropas, tiro sus pelos corporales de hombre, y se maquillo como una hermosa mujer según él creía, y emprendió su viaje. Aquí es muy interesante analizar que los cambios de género vienen cargados con un cambio completo de vida, este personaje decidió asumirlo, incluso su nuevo renacer no podría ser en la misma ciudad, sino que debía empezar de cero en un lugar donde nadie conociera su pasado masculino, siendo pertinente mencionar en este momento el planteamiento de Butler, que para cada individuo subvertir una posición, establecida y normada dentro de lo social, debe existir una ley a ser trasgredida.
Después de su llegada a San Paulo, ella (Gina), se organiza para salir a conocer la ciudad y quizá buscar un amor fortuito, pero paradójicamente los pasos femeninos que daba, no estaban bien direccionados, se encuentra entonces con un policía que la desplaza hacía la calle donde están todos los travestis, es aquí un buen momento para ver que existen límites, fronteras invisibles que no sólo diferencian nuestras clases sociales sino también nuestra sexualidad, como si hubiese un lugar correcto para cada persona dependiendo de sus gustos y condiciones. Butler explica que cada cuerpo salido de la concepción heterosexual aceptada, es posicionado en espacios determinados porque no entran dentro de los patrones normales, “cuando la desarticulación y la desagregación del campo de cuerpos alteran la ficción reguladora de la coherencia heterosexual, parece que el modelo expresivo pierde su fuerza descriptiva” (Butler, 2007: 266), quedando bien explicado en el cuento, que estos seres “diferentes”, tienen un lugar específico a ocupar. Estas son las palabras que el policía le dice a Gina: “Tá fazendo o que, aqui? Não sabe que não pode ficar parada na calçada? Vamos circular... Vamos circular... Ah, e lugar de travesti é lá na Regó Freitas. Aqui é outro nível, entendeu? Agora some da minha vista” (Martins: 2007:246). La subversión corporal y performática de la sexualidad propuesta por Butler, es de suma importancia aquí, pues ella comprende que estos performans corporales, deben quebrar la ley política normativa de los contextos sociales, en que se desarrollan nuestros días cotidianos. “El hecho de que el cuerpo con género sea performativo muestra que no tiene una posición ontológica distinta de los diversos actos que conforman su realidad” (Butler, 2007: 266). La noche para Gina avanza entre los sucesos cotidianos y su disfrazada felicidad de una nueva vida. Ella consigue cortejar un hombre de aspecto chino, que andaba en un Fusca. La escena es muy particular, porque ella se esforzaba por cubrir su pene, para que él no descubriera su género biológico, lo que ella no imaginaba, es que él le habló porque gustaba de los travestis, ella no pidió ni un sólo centavo por sexo con él, simplemente, disfruto de su compañía.

Después de aquel suceso, Gina se encuentra con Denise, y hay un momento revelador en la obra, esta mujer, explica para Gina todos los comportamientos, lugares y cosas que deben hacer para generar dinero como travestis. Denise le hace un pequeño tour por los lugares que se les tiene permitido trabajar, y en el transcurso de ello, va explicando cómo operan lo pequeños grupos, que muchas veces no son de travestis. Esta parte del cuento es bastante significativa, pues se expone, la desagradable idea de que si se actúa fuera de los esquemas sociales se debe vivir también fuera de ellos, es relevante traer a colación la subversión de Butler, porque los actos performativos que rompen con la hegemonía, son efectos que trasgreden lo social, sucesos naturales que explican el interior mismo de un cuerpo sexuado que expone sus intenciones físicas.

Finalmente, quisiera expresar que los conceptos de subversión y de parodia que plantea Butler, encajan bien en el cuento, porque a pesar de su revolución, Gina al final de la noche termina siendo de nuevo Juarez, además la narración intenta exponer que si se es travesti debe prostituirse, mientras que la idea de Gina no era esa, sino simplemente disfrutar un poco de la noche como lo puede hacer cualquier ser humano, pero ella fue excluida de aquel grupo travesti por practicar sexo sin cobrar, por ello, su rebelión continua normada por la sociedad. Este episodio serviría para Butler sustentar su teoría de parodia, pues ella bien explica que si nuestra formación sexual es una construcción, el ser gay, lesbiana, transexual u otro; pertenecería a una copia de la copia, algo así como una formación sin su original, tanto que dentro de los grupos subversivos que intentan quebrar esa ley hegemónica, también existen unos parámetros de comportamiento, y aunque para Butler nuestra sexualidad sea una construcción social, al no encajar en esos conceptos construidos, estaríamos subvirtiendo y parodiando normas de algo que a la final es natural.



[1] Mineiro: hace referencia al regionalismo de las personas que habitan en el estado de Minas Gerais en Brasil.

Bibliografía.

  • BUTLER, Judith. El género en disputa. Paidós: Barcelona (España) 2007.
  • MARTINS, Júlio César Monteiro. Ruiva. In: RUFFATO, Luiz. (Org.). Entre nós. Rio de Janeiro: Língua Geral, 2007.

domingo, 11 de octubre de 2015

ESPERANDO LA CARROZA



La película es una evocación de la realidad familiar que siempre intentamos matizar, una cruda representación de la hipocresía que nace de los hermanos por no hacerse daño o por no evocar el fastidio tajante que es más evidente en los primeros años de vida, además de ello se evidencia la importancia de los nuevos miembros que se van acrecentando en el árbol genealógico: las esposas, los hijos, los primos, en fin, los cuales ya pueden opinar y descentralizar aún más, los acontecimientos familiares.

Más allá de hablar de los personaje (que de hecho son muy interesantes y bien representados para mi gusto) me parece pertinente, mencionar la posición de la vejez, porque al final comprendemos que estamos solos, y que prevalecen intereses económicos que afectan nuestro prestigio positiva o negativamente, no obstante es muy fuerte la crítica a las familias excéntricas, siendo una fiel representación de la realidad familiar.


Ahora bien, la situación de la película es completamente absurda, pero no por ello pierde interés, incluso, desde allí, puede nacer una buena reflexión de que tan estúpidos y pérfidos somos. Ya para concluir, con un poco de sentimentalismo, pienso que es una película para ver en familia, especialmente con la madre (o el padre), esos hermosos seres que con los años vuelven a la niñez, tan inocentes e indefensos, aquellos seres que todo lo entienden pero quieren hacerse los orates para perdonar, mientras los hijos caminan buscando sus propios intereses, a veces tan comunes, tan naturales o perdidos, o sencillamente tan humanos. 

https://www.youtube.com/watch?v=PjzJ7WIOQS8

lunes, 31 de marzo de 2014

La nueva profesión: Barrista o Hincha.


Desde hace poco en algunos medios de las distintas ciudades de Colombia, se vienen publicando varias noticias sobre jóvenes barristas o hinchas de diferentes equipos de fútbol que existen en el país, pero ¿Por qué siempre aparecen en las páginas judiciales? ¿Es que acaso ésta es una profesión peligrosa? Primero que todo, no sé por qué a un ser humano lo pueden encasillar dentro de algo que no existe como una profesión, al parecer es un acto de alma, porque no tienen salario, no tienen ningún vínculo a la salud, incluso los horarios son flexibles y si se quiere no se va  laburar, otro aspecto relevante es que se debe ser joven, inmaduro y violento, y se me olvidaba algo fundamental, como método motivacional de estas empresas, se debe escuchar: “Dos minutos”, “Ataque 77”, o esas cumbias Argentinas que no sé a qué hora llegaron a Colombia con tal ímpetu, donde sólo se mencionan canchas, viajes y equipos, en fin…, mera sicología barata.  

El asunto acá, es cuestionar la educación, las verdaderas ofertas laborales, y la fuerza pública (aunque esta última sería menos necesaria si se le prestara más atención a la primera). El joven de 15 años sale a la esquina y no sabe qué hacer, no tiene un propósito aún, para trabajar todavía está muy tierno, y la alcaldía de su localidad no tiene programas que ofrecer, simplemente gusta del fútbol. Todo comienza cuando se va por primera vez al estadio, es cierto, el mejor carnaval futbolístico se vive en las tribunas norte y sur,  lo que no comparto y mucho menos entiendo es por qué agredir a otro ser humano por un color distinto de camisa, (eso en los años 50s por cuestiones políticas, fue el diario vivir, pero se debe tener en cuenta que el grado de escolaridad era nefasto) es una violencia sin argumentos, se llenan de ira cuando ven a un rival, uno podría pensar que es por regionalismo, pero cuando se pasan por la calles de cualquier ciudad se encontraran siglas de las distintas “bandas” como ellos las llaman rayadas en las paredes, o roban dinero a los ciudadanos para ir al estadio, y queda la pregunta: ¿qué tipo de regionalismo es ese si ni siquiera cuidan la ciudad en la que viven? Y quedan miles de inquietudes sin respuestas claras alrededor de esta nueva profesión.

Considero que aunque mucho de esta obligación educativa recae en la escuela, también debemos comprender que este problema debe tratarse igualmente desde el hogar, sino continuaremos viendo más jóvenes muertos en las prensas locales y en los noticieros televisivos, porque ellos no comprenden, no saben, están emocionados y llenos de energías para hacer respetar a sus equipos. Esto ya no es un problema que se soluciona con campañas policiales a los dirigentes de las barras, esto debe venir desde la academia y el hogar y desde los mass medias, si es que el gobierno realmente quiere la paz. El barrista o hincha no es una profesión. El ser humano debe hacer algo, en todos los años de su humanidad no ha podido quedarse quieto un solo instante, estos jóvenes simplemente no supieron que más hacer con sus vidas y se volvieron “Hinchas o Barristas”.

viernes, 28 de febrero de 2014

Azar.


Que lastimero es el destino cuando planeas caminos contrarios ¿Pero por qué contrarios? ¿Acaso cuál es la vía correcta de la vida? Si la idea del mañana no motivara mi esperanza, y todo los que me rodean no reafirmaran mi existencia, quizá aboliría mi ser, pero no tengo la voluntad, ni siquiera el carácter, y en el fondo muy en el fondo, siento una voz tenue que planea grandes cosas para mí, entonces me cargo de miedos y me levanto temeroso del mañana, incluso a veces el hoy, soy consciente que lo disfruto poco, y dejo gran parte de mis actividades a la rutina, programado como un robot.

¿Y por qué este camino? ¿Por qué esta vida? ¡Ahh! Destino implacable como te ríes de mí mientras mueves mis paso en el escenario de la vida, en esta obra que aún no tiene título y aparte de eso escondes el telón para que no acabe la función y continúe improvisando en este azar tan cuestionable.

viernes, 31 de enero de 2014

IDEAS SUELTAS.


Los recuerdos estancados como souvenires me abstraen del presente y me contagian una nostalgia de ese tiempo ya vivido, detonando los momentos hostiles y felices que cotidianamente nos deben suceder. A veces el presente es incomprensible, sin embargo lo asumimos con optimismo, y no es una cuestión de señalamiento ni intentar evidenciar las injusticias de la vida, porque como ya todo se argumenta, y todos nuestros actos caben dentro de la normalidad.


Sin ánimo de sonar conservador  ─porque realmente no lo soy─ creo que en estos tiempos estamos siendo severos, existen casos macabros; no es necesario ligarnos a ideales posmodernos porque inconscientemente entendemos que hay actos malos y buenos. Para mí, matar es un hecho perverso aunque debo decir ─contrariando lo anterior─ que algunos lo merecen o merecemos, quién sabe, en ocasiones hacemos daño sin darnos cuenta, lo digo así escuetamente para no entrar a indagar algunos dirigentes de mi país, siendo también claro que ellos del todo no son los únicos culpables de nuestra situación actual.


Para nadie es un secreto que Colombia viene siendo ordenada por los mismos entes desde hace 50 años, sólo cambian los rostros para no ser tan evidentes, (y cuando por “errores de la democracia” aparece un heredero de otra estirpe, es necesario buscarle sus malos actos y derrocar su poder) pese a ello, continuamos con la misma educación y con la misma economía, pero con muchas más personas, por ello la evidencia sobrepoblacional de las cárceles, no es un simple hecho social o una manifestación de la pobreza o un mal negocio hecho entre avaros empresarios faltos de ética. ¡No! La cuestión va mucho más allá.


Para no escatimar en una especulación banal, creo que la solución es la educación, pero una educación consiente, con una formación integra de un sujeto competente para la sociedad, sin importar la profesión, y no quedarnos apoyando la educación como un negocio que con el tiempo comprenderemos no es del todo rentable, sin caer en la desgracia de apuntalar entidades de formación de mano de obra barata y lacaya. Es que todo se comercializó: la salud, la educación, los recursos naturales, los placeres… ¡Todo! Y eso que estoy completamente de acuerdo con la oferta y demanda de servicios, y después de un tiempo comenzamos a creer que la solución económica a nuestros problemas existenciales sería la educación, y no sólo nosotros los esperanzados vimos esa luz, sino también las universidades, entonces existen programas “por do quier”, de baja, media y alta calidad, eso no importa, el problema es que como la salida al mundo es hacerse profesional, y todos deseamos serlo para llevar a cabo las palabras de fortaleza que constantemente nos proyectaron: “ser alguien en la vida”, “salir adelante”, “estudie que eso nadie se lo quita”, en fin…, existen o existimos, no sé, centenares de profesionales, unos más mediocres que otros, porque para sorpresa de algunos, a las universidades sólo les interesa sacar personas y programas profesionales sin fijarse en la calidad, y cada vez más veremos necesariamente profesionales desempleados o trabajando en otros quehaceres o regalando su tiempo por bajo salario (porque es importante hacer hoja de vida) y lo más paradójico es que continuamos en la misma situación y aspiramos a una maestría con la esperanza de que así, sí podremos lograr un buen empleo, en un país que desgraciadamente, aunque lo amemos, no tiene como abastecer un mercado de profesionales como el que ahora existe.
(¡Ahh! Lo siento el problema es a nivel mundial).

miércoles, 31 de julio de 2013

“El Carnero”: historia o literatura.


Es difícil encasillar “El Carnero”[1] en una categoría literaria o histórica, es más cuando se empieza la lectura del libro, es casi que ineludible la pregunta ¿a qué tipo de texto pertenece? Esta interrogación se torna tan necesaria como una lectura minuciosa.

En sí, y a grandes rasgos, “El Carnero” expone todo el transcurso de la colonización española en el Nuevo Reino de Granada, presentando fechas, nombres y sucesos, elemento que lo caracteriza y lo presenta como un texto histórico. Por otro lado las concepciones literarias vienen expuestas en los micro-relatos, como: el indio dorado, el engaño del diablo, Inés de Hinojosa, (historia que inspiraría a muchos otros autores) entre otras narraciones que se van desenvolviendo a través  del texto.

 “El Carnero” es pues un texto denso de difícil calificativo, incluso fue muy popular en el tiempo en el que se escribió, pues narraba en ocasiones, los chismes de ese pequeño pueblo en construcción llamado Bogotá, y eso lo hacía de suma interés para los lectores, pues en ciertos momentos podrían tal vez encontrar allí los sucesos del vecino. El libro se comenzó a difundir rápidamente en los hogares y llegaba envuelto en un papel similar al que entregaban la carne en el mercado, por ello toma el nombre de “El Carnero”.

La apología literaria de la obra puede realizarse si se quiere, desde el misticismo de los relatos,  la calidad del lenguaje significativamente rico para la época y la participación de los habitantes de Bogotá dentro del texto. Es suculento el oscurantismo de algunos apartes de la obra, por ello lo podemos calificar como místico, pues bien tenemos en cuenta que se perciben creencias espirituales, mitológicas, y que podemos evidenciar brujas y brujería en la construcción de algunas narraciones, es allí donde puede haber algo literario, porque si bien el autor reafirma eventos sobrenaturales, podríamos indicar tácitamente que estos hechos son reales, como podríamos calificarlo de un suceso falso. El lenguaje se torna revelador, para aquella época pocos habitantes sabían leer y escribir, es entonces un texto pulido, metódicamente diseñado para informar a los bogotanos específicamente, con un lenguaje rico en algunos capítulos, porque con justicia debemos decir que en otros no tiene nada de literario, es más al final de ciertos capítulos del inicio podemos pasar dos páginas con menciones de nombres y fechas.

“El Carnero” puede también tener matices históricos, por las fechas mencionadas, y la presentación de cómo se funda Bogotá y como se trasladan los colonos hacía en centro del país. Es evidente que el autor tenía gran bagaje académico por la mención de cómo se van desarrollando los sucesos en medio de la colonización y la presentación de nuevos saberes a nuestras culturas aborígenes, incluso podemos evidenciar las primeras iglesias que se construyeron en el primer centro urbano de Bogotá y quien fue su fundador, asumimos pues todos estos sucesos como datos históricos que reviven una época sometida y puesta a grandes cambios.

Me parece necesario dejar dicho que las pocas aproximaciones literarias estaban para aquella época sumamente cargadas de historicidad, incluso las podemos señalar más como crónicas que como novelas o poesías, si recordamos pues a Juan de Castellanos y su épico poema heroico “Elegías de varones ilustres de Indias”, sin embargo la crónica fue fundamental para los primeros textos creados en estas tierras, pues cuando enviaban los escritos a Europa, parecían textos literarios salidos de la imaginación, porque no podían escribir cabalmente la forma de un loro ni una guacamaya ni de ninguno de los animales exóticos con los que nunca habían tenido contacto.

Me parece que la discusión para enfocar “El Carnero” en literatura o historia es leguleya, porque se evidencia ambos tipos de textos, lo importante aquí es recalcar y resaltar la labor de Freyle por la composición de un buen texto, un texto que no es para los primeros lectores y mucho menos para jóvenes estudiantes, un texto denso y complejo, lento, el cual con una buena lectura nos puede sumergir en la creación de nuestras raíces, es conocernos un poco más como colombianos, y finalmente reafirmarnos en él porque estas concepciones nos compete, y no olvidar que nuestras primeras letras estaban tan cargadas de un sincretismo cultural que no podían ser ellas simplemente, sino una hibridación constante y compleja de nuestras visiones de mundo.




[1] “El Carnero” es un libro de Juan Rodríguez Freyle escrito en 1638, cuenta con 21 capítulos y dos anexos, un importante libro de literatura colonial colombiana.